Cuando las cosas van mal es importante ver luz en el horizonte. Creer que las cosas pueden ir mejor. Soñar.
Hace casi ocho años la sociedad dejó atrás otros ocho años de gobierno de la entonces derecha, hoy reconvertida en centro-derecha, para apostar por un líder de izquierdas que pudiese traer nuevas libertades y una forma distinta de hacer política. Zapatero llegó en un clima de esperanza y grandes expectativas, como llegan al poder los dirigentes progresistas de los que la sociedad puede esperar grandes cosas. Como cuando Obama llegó a la Casa Blanca.

NO A LA GUERRA en 2007. | Autor: RinzeWind http://www.flickr.com/photos/rinzewind/424906039/ (licencia CC-BY)
Zapatero sacó a nuestras tropas de una guerra injusta e ilegal no solamente no aprobada sino rechazada enérgicamente por la mayoría social del país como pistoletazo de salida a una primera legislatura marcada por la mejora de las políticas sociales, tales como el incremento espectacular del Salario Mínimo Interprofesional y las pensiones mínimas, la creación del Ministerio de Igualdad y la Ley de Dependencia, así como de las libertades individuales, con la aprobación, por ejemplo, de los matrimonios homosexuales. También se regularizó a muchos inmigrantes con trabajo.
Fueron los años buenos del Partido Socialista Obrero Español moderno. Años en los que Zapatero pudo ir cumpliendo un programa electoral progresista y que supo llegar a los ciudadanos, que en 2008, cuando sonaban las primeras alarmas de la crisis económica que se avecinaba, decidieron volver a depositar su confianza en él por otros cuatro años.
Zapatero no quiso aceptar que la crisis financiera originada en Estados Unidos iba a hacer explotar la burbuja inmobiliaria que habíamos permitido crear en España. Hasta mayo de 2010 siguió siendo liderando el programa del PSOE. Ante las cifras de paro que empezaban a dispararse optó por usar el gasto público para crear empleo, sin prever que la crisis venía larga y que ese dinero que los ayuntamientos gastaban en reparar aceras y pintar semáforos ante la lluvia de millones para obras públicas que no sabían en qué gastar (el famoso “PlanE”) solamente serviría para que la cifra de deuda pública aumentase hasta convertirse en un verdadero problema nacional.
Pero los castillos en el aire se cayeron. Los sueños murieron en el que probablemente haya sido el día más duro en la vida profesional de Zapatero, cuando presentó al Congreso de los Diputados unas medidas para reducir el déficit público completamente contrarias a su programa electora.
Entre otras medidas se aprobó la reducción de los salarios de los funcionarios en 2010 y su congelación para 2011, la congelación de las pensiones, la reducción de la ayuda al desarrollo y la eliminación del cheque-bebé establecido poco tiempo atrás. Medidas, evidentemente, incompatibles con su programa electoral o con lo que se podía esperar de Zapatero.
Salir a las calles, o aún peor, criticar las medidas de Zapatero sin moverse, no es más que demagogia, crítica barata y destructiva, si no va acompañada de una reflexión en conjunto y se proponen otras soluciones. Existe un problema de fondo que es la existencia de una deuda pública tan elevada como peligrosa. El país es como un trabajador que tiene una hipoteca que pagar. Y cuanto más grande sea esa hipoteca peor, porque si uno pierde el trabajo o le reducen el salario puede verse en un serio problema. Y a España (por no irnos hasta Grecia, que es un caso más representativo) le ha ocurrido exactamente lo mismo: una hipoteca (llamada deuda pública) que pagar, cuando le bajan el salario (los ingresos se han reducido como consecuencia de la crisis económica). Por no hablar de los tipos de interés que se exige a España en los mercados.
¿Existe una alternativa real a los recortes sociales del Gobierno? La existe. O al menos no se deberían haber tomado medidas tan drásticas sin haber tomado antes otras más justas.
Un sencillo ejemplo. Reducir el Impuesto sobre el Patrimonio, un impuesto directo que grava el patrimonio y por lo tanto las posesiones de las personas más pudientes, es una medida antisocial. Por eso, una subida en el IVA, que grava el consumo y que de por sí al ser indirecto supone más a quienes menos tienen, es una medida impropia de un partido que se considera socialista. Y ahora en 2011, después de que el país estuviese a punto de tener que ser rescatado, Rubalcaba se plantea volver a incluir este impuesto en su programa electoral.
Más allá del terreno económico, la crisis ha hecho que Zapatero olvide muchos de sus sueños. El pleno empleo que prometió no se le puede achacar (sí las medidas antisociales comentadas), pero Zapatero adquirió un compromiso de cierre de las centrales nucleares y de apuesta por las energías limpias del que no se ha vuelto a hablar.
El PSOE era símbolo de la movilización contra las políticas derechistas y antisociales que se llevaban en España. Con su sindicato hermano, la Unión General de Trabajadores, y Comisiones Obreras, se movilizó cuando las circunstancias lo requerían y daba esperanza a la sociedad. Cuando, en 2011, el principal partido de izquierdas a defraudado a todos (gentes de izquierdas, por supuesto, pero también están descontentos los de derechas), y nuestro Zapatero deja de asistir a Rodiezmo, ¿Qué esperanza nos queda? ¿Votar a un candidato del PSOE que ha participado en los gobiernos de Zapatero y de pronto le han surgido ideas que aplicar para resolver la situación? ¿Votar a la derecha? ¿Votar a una izquierda unida nada unida y desorientada? ¿Encontrar otro partido de centro-izquierda? ¿Tal vez un partido minoritario?
La economía se la han cargado los mercados financieros especulativos, pero la esperanza nos la han quitado nuestros representantes. Los sueños también mueren, pero algunos los matan.