Contamina cada año, invita Vodafone

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Algunas personas llevamos ya muchos años alertando de que cuando una operadora “te regala” un teléfono móvil, al margen de que ninguna empresa regala nada y que el coste de ese móvil lo estás pagando en tu factura, el único criterio no puede ser el de coste económico del terminal. ¿Qué pasa con los costes externalizados?

En contra de lo que se opina, el precio de un bien no recoge todos los costes: los daños al medio ambiente, por ejemplo, no se suelen recoger en el precio ya que por lo general a la empresa no le supone ningún coste la contaminación que genere su actividad.

De modo que la fabricación de un móvil tiene un coste añadido. Cada mes se acumulan cientos de miles de piezas de basura electrónica en países pobres cargadas con componentes electrónicos que contienen mercurio, plomo, cadmio y otras sustancias tóxicas. Eliminar dichos residuos en Europa o EE.UU. es muy caro. Como está prohibido exportar basura a los países pobres, la carga llega bajo la “excusa” de donaciones solidarias de material electrónica. Pero la mayoría no funciona. Enormes cementerios de residuos electrónicos procedentes de los países ricos son creados junto a pantanos, bordes de las carreteras o terraplenes.

Por ejemplo, en Nigeria cada mes entran 500 contenedores con material electrónico para ser procesados, pero el 75% está averiado y son apiladas en montañas de residuos que se queman a cielo abierto. En muchos casos los encargados de reciclaje son los niños, expuestos a niveles de contaminación muy elevados. La consecuencia de estos vertederos para  el medio ambiente es lamentable ya que causa cada año miles de refugiados ambientales.

Así que lo único que faltaba para frenar esta tendencia consumista a la que las operadoras ya incitaban con la financiación de terminales solo faltaba que Vodafone lance ahora una campaña para renovar el móvil cada año. El anuncio, bajo una estética de modernidad y hipsterismo, alaba el placer que supone estrenar móvil cada año.

Lo que no cuentan en el anuncio es que cambiar de móvil tiene un pacto medioambiental y que incentivar el cambio de terminal cada año es irresponsable.

Imagen: Wilfredor (licencia CC)

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La sanidad ya no es universal en España

Hasta el 31 de agosto de 2012 la sanidad en España era universal: cualquiera tenía acceso al sistema público de salud. No solo los trabajadores y sus familiares, sino cualquier residente en territorio español: todos los ciudadanos españoles e, incluso, los ciudadanos extranjeros en situación irregular. Demostrar la residencia en territorio español era suficiente para acceder a la tarjeta sanitaria: solo hacía falta estar empadronado.

Desde el 1 de septiembre de 2012 la sanidad en España es un derecho al que algunas personas tienen derecho: los trabajadores y sus familiares y otros grupos como los jubilados. Un ciudadano, por el mero hecho de ser español, no tiene derecho a acceder al sistema público de salud. Un ciudadano en situación irregular, por supuesto, tampoco.

¿Qué nos ha hecho pasar de un sistema que garantizaba la sanidad a un modelo en el que hay que cumplir los requisitos para tener derecho a la sanidad?

La situación económica. Es la principal causa alegada. Sin embargo, el sistema sanitario español es el quinto más eficiente del mundo según datos de Bloomberg del pasado mes de agosto. Por otro lado, cuando los ingresos decaen, es el Gobierno (o el Parlamento a través de los Presupuestos Generales del Estado) el que decide adónde destinar el dinero existente. España, en 2014, gastará 6.500 millones de euros en Defensa, y otros 36.000 millones, más del 10% del presupuesto del Estado, en pagar la deuda pública. Una deuda pública que, en vez de haber sido invertida en Investigación y Desarrollo o educación para sentar las bases de la futura economía, muchas veces ha sido invertida en proyectos increíbles como el aeropuerto de Castellón. Una inversión de 155 millones de euros tirados a la basura.

La estigmatización de los inmigrantes. Los inmigrantes son los principales si no únicos perjudicados de la reforma en el acceso a la sanidad. Pero los inmigrantes, en contra de la opinión generalizada, abusan menos del sistema sanitario. Del total de pacientes atendidos en la Atención Primaria solo el 5% son inmigrantes cuando la población inmigrante es el 11% del país: los inmigrantes van al médico mucho menos que los nacionales.

Una ruptura con los principios de la Seguridad Social. Existen dos tipos de coberturas, las contributivas (aquellas a las que tienen derecho los trabajadores y sus familiares por haber cotizado) y las no contributivas (a las que tienen acceso todos los ciudadanos por el mero hecho de serlos). En general, las coberturas contributivas se financian con las cotizaciones a la Seguridad Social mientras que las no contributivas, por su naturaleza, se financian con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. La sanidad está desde hace años financiada exclusivamente con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, y al estar pagada por todos, debe ser para todos. Los inmigrantes, incluso aquellos que no trabajan, están pagando impuestos como el IVA y por tanto contribuyendo al sostenimiento del sistema sanitario.

Una medida ineficiente. La única vía para los inmigrantes de acceder al sistema de salud es a través de urgencias, y aún así, no pueden ser derivados a médicos especialistas. Como consecuencia de esta medida muchos inmigrantes van a tener que acudir a urgencias en lugar de a su Médico de Cabecera para lo que realmente no es una urgencia, y esta atención es más cara. Por otro lado, negar la sanidad a personas que ya están viviendo en territorio español puede generar enormes problemas sanitarios… porque resulta que algunas de las enfermedades que no les va a curar el sistema son contagiosas.

Definitivamente, restaurar la sanidad universal en España debería ser la primera medida que tome el gobierno que sustituya al del Partido Popular, al estilo de la retirada de las tropas de Iraq que aprobó el gobierno de Zapatero nada más ser elegido.

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¿Es Internet un espacio democrático?

Se ha dicho muchas veces que Internet es un espacio democrático. Aunque las normas que están detrás de Internet son inequívocamente diferentes de las rígidas leyes del mundo físico esta afirmación debe ser prudentemente matizada.

La principal razón por la que se considera un espacio democrático es la naturaleza de los bienes intercambiados. En el mundo físico la mayoría de los bienes son excluibles: si una persona posee un bien la otra no lo puede poseer. El comercio de estos bienes físicos puede ser controlado por el Estado. En Internet, en cambio, lo que se intercambia es información, lo que llamamos bienes no excluibles: si una persona comunica una información, dos o más personas pueden tener esa misma información. Mientras que es relativamente fácil controlar los bienes excluibles es mucho más difícil controlar el flujo de información en la Red.

Por otro lado, tras un ordenador personal todos los usuarios tienen el mismo poder. Las circunstancias que convencionalmente hacían a unas personas más influyentes que a otras son intrascendentes en este nuevo terreno de juego: tener dinero, haber nacido en una familia prominente o incluso haberse construido una reputación no le convierten a uno en alguien más influyente que otra persona nacida en una familia humilde de un país en vías de desarrollo. Cuando encienden sus ordenadores, no son más que otro usuario en una red que conecta a 2.700 millones de personas. Y todas las voces tienen el potencial de ser igualmente escuchadas.

Aunque los factores que tradicionalmente discriminaban no tienen lugar en Internet es cierto que podemos encontrar otras barreras que hacen que no sea una completa democracia. El principal problema es el acceso. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones solo el 39% de la población mundial tiene acceso a Internet. ¿Cómo puede ser Internet un lugar democrático cuando seis de cada diez habitantes del mundo ni siquiera tienen cabida?

En 2011 solo el 6,7% de los hogares africanos tenía un ordenador. Esto se explica por razones económicas y tecnológicas: si algunas personas pasan hambre o no disponen de electricidad, ¿cómo van a comprar un ordenador? Esta desigualdad se conoce como brecha digital. Pero también hay diferencias importantes dentro de un mismo país: en los países desarrollados un grupo actualmente al margen de las nuevas tecnologías son las personas mayores, que nacieron antes de que se inventasen los ordenadores y ahora ven imposible adaptarse a las nuevas tecnologías.

Pero, incluso aunque toda la población tuviera acceso a Internet, este no sería un terreno totalmente igualitario. Algunos usuarios con malas intenciones sobresalen sobre los demás: los spammers, por ejemplo pueden extender ampliamente un mensaje que en condiciones normales pasaría desapercibido; los crackers pueden destruir ordenadores o servidores y hacer que alguien no pueda usar la red o hacer algún tipo de información inaccesible; las empresas proveedoras de servicios de Internet pueden monitorizar tu actividad en la Red, al igual que el Gobierno (como al parecer la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha estado haciendo recientemente con datos de buscadores y redes sociales). Pero quizás el ejemplo más ilustrativo sea el intento del gobierno chino de impedir que sus usuarios puedan acceder a determinados servicios (como Facebook) o tipos de información (como búsquedas en Google relativas a los derechos humanos). El “Gran Cortafuegos”, como se conoce coloquialmente al proyecto, se puede evitar con los conocimientos técnicos adecuados, y aunque la población china va siendo consciente de la existencia de esta censura, los chinos a día de hoy no tienen acceso libre a la información de Internet.

Definitivamente, Internet puede ser mucho más democrático que el mundo real pero existen barreras tanto circunstanciales como estructurales que impiden que sea un lugar verdaderamente democrático.

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Combatir la pobreza: ¿vamos río arriba?

Hace muchos años, en una comunidad a la orilla de un río, vieron a una persona que se ahogaba y fueron a auxiliarla. Mientras la reanimaban vieron una segunda persona que se ahogaba y, de repente, muchas más. El río no dejaba de traer gente que se ahogaba. Se organizaron para hacer turnos y se especializaron por equipos: unos les sacaban del agua, otros los reanimaban, otros los secaban… Pero cada día se ahogaba más gente y no daban abasto. Hasta que un día uno de los equipos se preguntó: “Pero, ¿por qué cae al río tanta gente?”. “¡Hay gente en peligro y no es el momento de hacerse preguntas!”, les dijeron. A pesar de ello, el equipo se rebeló, dejó el trabajo entre acusaciones de insolidaridad y marchó río arriba a buscar la razón que provocaba la situación. Y descubrieron que se había roto el único puente de la zona. Antes de encontrar soluciones, se hicieron preguntas como: ¿por qué se ha roto el puente?, ¿quién es el responsable?, ¿quién y cómo había que arreglarlo?

Historias como ésta se utilizan en los cursos para voluntariado en muchas ONG. Pero después de ver los debates generados por el Informe del Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo de Cataluña) sobre malnutrición infantil en Cataluña, o la idea de una lotería catalana para ayudar a programas sociales, parece que serían más necesarias en los despachos de algunos políticos, de algunos tertulianos o en algunas sobremesas de verano. Quienes nos dedicamos hace años a lidiar con la pobreza, estamos muy preocupados porque estamos dando muchos pasos atrás en el tratamiento de este tema.

El informe del Síndic nos está diciendo que cada día se ahoga más gente. Y podemos dar muchas vueltas a los conceptos y a los datos, pero mientras, va cayendo más gente al río. La realidad de empobrecimiento acelerado es evidente y las entidades ya hemos advertido bastantes veces de la gravedad de la situación. Y pareciera que casi la única respuesta que tenemos es la recogida de alimentos.

El obispo brasileño Hélder Câmara lo explicaba hace años de una manera clarividente: “Si doy comida a los pobres me llaman santo, pero si pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”. Mientras damos comida nos sentimos muy bien, y los medios y los responsables políticos alaban nuestras iniciativas solidarias. Es fácil: compromete muy poco y da buenos réditos de imagen. Así, multiplicamos los puntos de recogida de alimentos y el voluntariado del Banco de Alimentos o de Cáritas, y tenemos que estar orgullosos de ello. Pero esto se llama asistencialismo. Y no es malo per se, pero es insuficiente, si es la única respuesta. Este es uno de los grandes aprendizajes de los 50 o 60 años que hace que las ONGD trabajamos en países pobres. Y no es ninguna crítica a las instituciones que se dedican a ello, que, además de imprescindibles, son las primeras conscientes de los límites de este tipo de abordaje del problema.

Aunque afortunadamente Cataluña está muy lejos de ser como Sudán del Sur, Haití o Burkina Faso, vemos con asombro e indignación cómo las respuestas de nuestros políticos cada vez se parecen más a las que solíamos criticar de aquellos países: balones fuera y ayudas limitadas entendidas como limosnas y no como derechos. Y maratones y loterías más propias de la beneficencia de otros siglos. Como si todo el trabajo hecho antes para erradicar la pobreza, y todo el conocimiento acumulado, aquí y en todas partes, hubiera sido un pasatiempo de nuevos ricos.

Y un segundo aprendizaje: los equipos se agotan después de un periodo especialmente si tienen la sensación de que no están consiguiendo nada, sobre todo después de reanimar la misma gente tres y cuatro veces. Y, en vez de cambiar de estrategia, abandonamos. En el mundo de la cooperación lo llamamos “la fatiga de la ayuda”.

Volvamos ahora a Hélder Câmara y vamos al porqué. La respuesta no es tan clara ni inmediata como en la historieta que hemos explicado al principio del artículo. Esta segunda parte no cuenta con tantas complicidades, y los gobiernos se sienten señalados. Aquí entramos en el terreno de los riesgos, pero también de las soluciones reales. Como en la buena medicina, debemos atajar las causas, y no sólo los síntomas.

La clave para combatir la pobreza radica en combatir las desigualdades. Critiquemos al Síndic o defendámoslo. Pero no nos quedamos aquí. Necesitamos un poco más de valentía y decisión individual, colectiva y política. Podemos practicar una solidaridad inteligente, con visión global y proyección de futuro. Ir más allá de la autocomplacencia del asistencialismo y apoyar a todos aquellos que ya han ido río arriba. Exigir a quienes llevan el timón que se atrevan a plantearlo todo. Enfrentar la pobreza requiere más valentía que enfrentar los peores enemigos. Por suerte, en la lucha contra la pobreza no partimos de cero. Conocemos entidades, gente y países que lo hacen y lo hacen bien. Por cada paquete de arroz que damos al banco de alimentos, hay que dar cinco euros o cinco tardes para arreglar puentes. Por cada noticia de galas benéficas que aparezca en los medios, hace falta que aparezcan cuatro sobre proyectos de aquellos que hacen crecer los derechos, las oportunidades y la dignidad.

El artículo original «Combatre la pobresa: ¿anem riu amunt?» se publicó en el Diari Ara el 24 de agosto de 2013. Traducción del equipo de comunicación de la CONGDE y adaptación propia.
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¿Qué es de tu vida?

Un vídeo que no se puede dejar pasar:

Abre este enlace si no puedes ver el vídeo.

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Y mientras se desmantela el estado del bienestar…

Ex presidente de los empresarios españoles, Gerardo Díaz Ferrán: tras quebrar su aerolínea estafando a los clientes que se quedaron sin vacaciones aseguró que “ni yo mismo la hubiera elegido para volar a ningún sitio”. Y tras decir que para salir de la crisis hay que “trabajar más y ganar menos”, resulta que este señor estaba estafando a sus acreedores riéndose de la Justicia y de Hacienda. ¿Habrá alguna relación entre la crisis (o el desmantelamiento del Estado del Bienestar) y gente de esta calaña en puestos de responsabilidad?

Cada vez tiene más sentido aquello de que esto no es una crisis, es una estafa.

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La historia de las cosas

“The Story of Stuff” nació como una película de 20 minutos en 2007 para explicar, de forma muy sencilla, cómo están conectados algunos de los problemas medioambientales y sociales del planeta.

Es de los vídeos más pedagógicos que uno se puede encontrar y sin ninguna duda merece la pena.

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